Partamos definiendo qué es el Efecto IKEA
Primero voy a asumir que IKEA no necesita introducción y que la mayoría de los + de 8 mil millones de habitantes del planeta lo conoce, sea porque han visitado una de sus tiendas o porque han comprado y armado uno de sus muebles.
El Efecto IKEA, nombrado en honor a ese gigante sueco, describe la tendencia de las personas a valorar más un objeto si ellas mismas lo han fabricado (o ensamblado). En otras palabras, el Efecto IKEA alude a cómo tendemos a apreciar más las cosas cuando hemos invertido tiempo y esfuerzo en crearlas.
Para los nerds como yo que quieren saber más sobre ese efecto, pueden ir a revisar el estudio original que introdujo ese concepto – “The IKEA effect: When labor leads to love.“. Recalco que es uno de los sesgos cognitivos mejor documentados y replicados, con respaldo empírico sólido desde su descubrimiento en el 2012 hasta hoy.
El Efecto IKEA en la era de la IA: ¿qué pasa cuando no ponemos esfuerzo?
Hay muchas cosas que me pasa con la IA. Por un lado me FASCINA: la quiero entender, la quiero incorporar en mis tareas cotidianas para mejorar mi productividad y quiero tener mi OpenClaw Chief of Staff, como al parecer todos en Silicon Valley tienen. Pero por otro lado, cuando pienso en las implicancias que puede tener a nivel cognitivo en el ser humano, me ATERRA.
Uno de mis temores es cómo vamos a valorar, defender y ser orgulloso/a de algo que se hizo con gran ayuda de la IA y con mínimo esfuerzo humano invertido. En mi caso particular (tengo + de 50 años), he vivido gran parte de mi vida sin IA, entonces sé lo que significa crear y valorar algo hecho sin ayuda de la IA, y puedo sentir en mi cuerpo la diferencia entre algo que hice 100% sola y algo donde la IA me ayudó mucho (o demasiado). De hecho, para este espacio, trato de escribir mis artículos sola sin ayuda, y luego paso mi borrador a algún LLM para que mejore mi redacción, pero siempre con mucho cuidado pues para mí, es importante que mi voz y tono sigan siendo míos. A veces, ni lo paso por la revisión del LLM pues no quiero perder esa sensación corporal de hacer algo sola. Pero para las generaciones que vienen, es posible que no tengan claro ese baseline, esa sensación en el cuerpo y en la mente de haber realizado algo solo/a, sin ayuda de la IA. Y uno no puede echar de menos algo que nunca experimentó, ¿cierto?
Afortunadamente, la investigación reciente nos dice que el “Efecto Ikea persiste incluso con IA pero con la condición que haya también esfuerzo humano real”.
Un estudio de Marzo 2026 examinó cómo distintos modos de uso de la IA afectaban la autoeficacia, la sensación de realización y de ownership (no tengo claro cual es la traducción de ese concepto aquí) sobre el resultado del trabajo. Los participantes tuvieron que escribir algo en una de tres condiciones: 1) sin ningún ayuda de la IA, 2) con un uso pasivo de IA (copiar contenido generado por IA), o 3) colaboración activa (redactar primero y luego usar IA para refinar).
El hallazgo más importante fue que el uso PASIVO de IA —simplemente copy-paste— es fatal pues elimina esa sensación de autoeficacia, satisfacción personal y de “propiedad” del trabajo, mientras que la colaboración ACTIVA logra mitigar esos efectos negativos.
Además, cuando la IA lo hace todo, no hay ningún apego emocional al resultado: no hay sensación de logro y satisfacción y no hay orgullo acerca del resultado final, con lo que las personas no lo sienten suyos y no lo van a defender con mucha convincción.
La clave entonces es cómo se usa, no si se usa. En un modo colaborativo IA-humano que preserve el esfuerzo humano real, no solo el Efecto IKEA sigue, pero amplifica lo que nosotros humanos podemos lograr. El desafío para la humanidad será que decidamos en forma deliberada optar por colaborar activamente con la IA en vez de simplemente delegar todo el trabajo cognitivo.


